AGUJAS DE PINO

AGUJAS DE PINO
Agujas que no hieren,
para el aire tamiz,
del pino manan;
de cada una de sus ramas brotan,
señalando el cielo azul,
cosquillando sus ventiscas.
Haces de verdes flechas,
mil veces repetidas;
ejército de efímeras lanzas,
punzantes para rayos de sol,
de cuya energía se inyectan
por los circuitos de sus puntas
retransmisiones de todos los canales
en su cuerpo de piñas promotor.
En los pinos se tejen piñas,
con sus agujas a miles,
con hilo verde que se restaña
en duras escamas, por fuera;
celdas de piñones sabrosos
que de su libertad hacen brote
del que surgen nuevas tejedoras
de incontables puntadas,
reconstructoras del patrón
que guarda, en su esencia,
el fiel espejo de si mismas.
Con tales armas se nutre del cielo
que en la tierra se clava firme,
con poderosas raíces de lanza,
vigorosas como serpientes,
que absorben hasta la última gota,
lactando con potente succión,
del combustible que mueve sus brazos
con aleteo que peina sus ramas.
Rara vez se queda calvo
este peluquero de horizontes,
cuyo cabello es su herramienta;
y con ella la vida se gana,
acicalando a las aves del cielo,
acariciando las brisas del viento.
Su pelo en forma de horquilla
fácilmente no se despeina,
aunque lo pierde en abundancia;
alfombras para hormigas, a sus pies,
que sirven de depósito obligado
para ejercer su actividad,
interés que la tierra reclama
para recuperar su buen nombre.
Sólo del fuego teme la llama
y del rayo su golpe fulminante;
mas, se reconstruye con el croquis
que la piña gesta en sus entrañas,
repoblándose con abundancia
hasta en los terrenos más abruptos,
rizando el cabello solar con sus peinetas,
rogando a las nubes, con sus copas,
lágrimas para sus pestañas.
© 10 de Marzo 2011, Pimentel del Piquillo, Villamalea, Ronda de la Paz



