FLOR DE ALMENDRO

Flor de invierno,
nacida en árbol deshojado,
en las ramas desnudas mecida,
amamantada por la luz de la luna;
rosa pupila en pétalos de nata
que a la abeja dormida reclama
visita de cortesía verpertina,
para hacer botín de su polen
a un interés fecundante,
por su néctar seducida,
por sus tonos embriagada.
Precursoras de la primavera,
las flores del almendro
se abren con encanto
en varas de hadas madrinas
brotadas unas de otras,
al cielo apuntando
su divina magia.
Etérea flor de invierno
que hurta sus alas al frío
camuflada de copo sonrosado,
sin hojas que la guarden
de los rigores de la lívida estación;
que ya vendrán con la Primavera
para nutrir su fruto fecundado,
bajo su sombra y su cobijo,
echando abajo la caspa
de pétalos dormidos,
con sus verdes coloridos.
Fruto que su féretro se forja
para conservar incorrupto
su prieto cuerpo sabroso,
por almendra conocido,
delicia alimentaria;
evitando el saqueo excesivo
de los hambrientos roedores
al linaje de su dinastía,
cual ladrones de tumbas.
Su sepulcro es su cuna
cuando en la madre tierra
su cáscara se incuba,
fundida en sus entrañas,
por sus humores despierta,
de sus raíces reclamando
el abrazo de la vida.
Flor cuajada
por pálidas luces
que el invierno aletarga,
cuando la noche se acorta;
abundante como nieve sobre ramas,
a la que imita con temor;
como alas de mariposa
multiplicadas a miles;
enjambre que a enjambre hermana
y juntos viven de la rama
bajo trueque que proclama
‘tu alimento por mi progenie’.
La nieve si se llega,
el hielo si se muestra,
reclaman su peaje
al fruto que perece;
dividendos mortecinos
de un tributo baldío,
precio a la osadía
de hacer boda
en la estación
del descanso,
aprovechando el sopor
de necios competidores
para enfocar la atención
del novio impaciente
y libar sus ardores
en taza de mármol,
como quien sorbe un helado
de nata con fresas.
© 2011, Pimentel del Piquillo, Villamalea, Ronda de la Paz



