SINFONIA DE MAJUELOS MODERNOS
De la cuna entubada
a libertad vigilada pasan,
sobre los tensos alambres
que de esqueleto les aprovecha,
y en los que surge su solfa de parras
como milagro de la naturaleza.
Las hiladas de la partitura así formada
buscan el hermanamiento unas con otras;
pero la taladora vertical
es verdugo que amputa las notas
de los sarmientos simpatizantes,
cuya osadía cerraría el paso
a las vendimiadoras mecánicas.
Animado de sangres claras y tintas,
el emparrado cabalga sobre lomos
de sol de plomos,
entre los metales que lo sostienen
y a sus zarcillos guía proporcionan,
dueño de su parcela estrecha,
cautivo de su propio fruto loado.
Contienen, dentro de sí mismas,
el espíritu divino de la embriagadora
sensación del bienestar profundo,
estas cepas sin libre albedrío.
Tendidos de cables,
como solfas armónicas
para parras flautistas,
tamborileras y percusionistas,
llenan campos enteros.
Los brillos de las juntas metálicas,
sobre las que se arrullan los acústicos sarmientos,
son como notas relevantes de la partitura
de la que se nutren los racimos de uva,
al son de los compases solares;
acordes melódicos dirigidos por el astro rey
y sufragados por nubes beneméritas
que se diluyen en caudales líquidos
que amasan la tierra con su fortuna
para transformarse en ríos de mosto.
Sus hojas se tornan oro,
fruto del baño de agua y fuego,
engrosando los racimos prietas notas
de bemoles tintos y blancos.
***
Frío Febrero, mes de la poda,
muestra el pentagrama sin notas,
las cepas mondas y peladas;
a la espera de que el buen tiempo
componga las redondas, blancas y negras
en su ubicación exacta
dentro de la partitura,
bajo los maternales sarmientos
y verdes hojas de corchea.
En este mes son las cepas
como directores de orquesta,
con antenas como hormigas,
para hojas que han de brotar
al compás de sus batutas,
cubriéndolos de verde manto,
cobijo de racimos de uva
que irán granando sus notas
para paladares oyentes.
Pimentel del Piquillo, Villamalea, Ronda de la Paz, 2011



